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martes, 12 de junio de 2012

Finalicé el viaje


El día 10 salí hacia Burgos. Era un día importante porque sabría como me respondía la rodilla. El inicio no era el mejor porque en el pueblo de Villafranca Montes de Oca comenzaba un pequeño puerto (Puerto de La Pedraja). Lloviznaba y, como era de esperar, el viento seguía dando de cara. 

Pues no, la rodilla no aguantó. Llegué a Burgos con cierto sufrimiento y me busque un hostal donde pasar el resto de día tranquilo y relajado, una especie de homenaje a mi mismo toda vez que todo había concluido.

Llegué a casa ayer. Hoy, día 12, lo he dedicado a desmontar todo el tinglado del equipaje y lavar y lavar un montón de ropa. Hasta las alforjas han ido a la lavadora. Y como mi pierna esta jodida ya tengo cita médica para pasado mañana. 

En fin, nada de que arrepentirme. Solo lamentar no haber llegado a casa en bici como tenía pensado pero los imponderables tienen estas consecuencias.

Se adelantaba mi sombra. La muy traidora
De esta "última etapa" solo me queda destacar que conocí a un personaje que me impresionó. Es un hombre menudo, ennegrecido, curtido por la acción del viento sobre su piel. Bajo, de unos 55 años, portugués de nacimiento y ex trabajador y español de adopción. Un hombre muy sencillo que se ganaba la vida de encofrador aquí y allá hasta que un accidente maldito le retiró del trabajo con una incapacidad. Con el pie izquierdo pisa torcido, de lado, y por ello cojea ostensiblemente. Me comentaba que se encontraba mejor dando pedales que andando y, quizás por ello, se pasa la vida sobre la bicicleta. Recorre cualquier punto de España, no le importa el rumbo. Solo en los meses más fríos se viene a Vigo y alquila una habitación y recoge la correspondencia. El resto del año sube a su bicicleta y pedalea. Me dejó impresionado, no se si tanto por la cantidad enorme de kilómetros que hace al año como por el tipo de vida que lleva. Él parecía feliz pero vive solo, sin amigos, sin raíces y hasta sin familia a la que en contadas ocasione visita el Oporto con brevedad.


Y aquí estoy, de vuelta. Yo si tengo raíces y una familia así que me declaro un tipo afortunado.

Los viajes, a mí, me merecen mucho la pena. Siempre vuelvo contento por todo cuanto suponen de experiencia. De todas, siempre me quedo con las que aportan las personas a las que voy conociendo. 




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