Lo mejor de este día es que se acabó. Dos pinchazos en la rueda trasera en un tramo de 10 km es demasiado hasta para el más paciente. Y lo mejor también es, como de costumbre, para esas personas que de modo fantástico te echan una mano. Lucas se llamaba el primer chico, dueño de una gasolinera que se porto muy bien conmigo y hasta me invito a cafe. Pero la medalla de oro a la amabilidad hay que dársela a Flavio, empleado en otra gasolinera próxima al segundo percance. Era hora de cierre de mediodía en todos los establecimientos y tuve que esperar a la hora de apertura para ir al taller mas cercano ( a 4 km) para comprar una cinta y una cámara. Pues el amigo Flavio, agarro su coche y me llevo hasta el pueblo y espero para retornarme a la gasolinera. El, continuo luego su trabajo como si nada. Tengo que decir que a Flavio se le nota en la cara y en el comportamiento que es buena persona, de las de toda la vida, vamos.
No cabe duda que estos dos italianos elevan mucho el listón que tan bajo dejaran sus compatriotas conductores y ciclistas. Que bueno que así sea.
Grazie, Flavio, grazie, Lucas.

Esta imagen es matadora. Los pinchazos te molestan mucho, pero en la rueda trasera son insoportables. Hay que desmontar todo y llenarse de grasa y sudor hasta arriba. Que mal rato, por Dios. Se me fue todo el buen humor del día
Que pesadilla de teclado. Hoy es mi primer día en Francia y tengo que volver a aprender la situación de las letras, que aquí varían bastante alguna de ellas.
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